miércoles, 1 de abril de 2015

CARNES - Lagrimitas de pollo maceradas en salsa barbacoa

La salsa barbacoa, llamada BBQ sauce en inglés, es un gran invento que data de 1829. Y digo un gran invento porque ¿a quién no le encanta la salsa barbacoa?. Será por lo que implica, su propio nombre lo dice: barbacoa, o lo que es lo mismo, buen tiempo, carne rica y buena compañía, ¿no es eso una barbacoa?. 
Bueno, la cosa es muy distinta cuando abres la nevera de tu casa, coges un bote de esta salsa y aderezas unas míseras salchichas...por cenar algo. Pero aún así su nombre sigue sonando fenomenal.
Desde siempre ésta ha sido un acompañamiento clave para pollos y costillas asadas y sus ingredientes difieren a veces dependiendo de la región en la que se elabore. Las variantes más significativas son, sin dudarlo, las que se hacen en Estados Unidos, porque nos guste o no, los americanos son la élite de este tipo de alimento. Allí, hay varios estilos en la elaboración. En San Luis (Misuri) lo común es poner una buena base de tomate y aclararla con vinagre, de modo que adquiere un resultado dulce y picante, aunque no tan dulce como la del estilo de Kansas ni tan picante como la que se hace en Texas, que suele tener un tono más marrón que rojo.
Podemos buscar similitudes con la que hoy os presentamos, pero hasta que las encontremos será la auténtica y genuina salsa barbacoa al estilo Carmela. Hoy la usaremos para macerar trocitos de pollo que luego empanaremos y freiremos. Y nos os podéis imaginar lo ricas que están.
Empezamos.



   Ingredientes:
6 pechugas de pollo.
1 cebolla.
3 dientes de ajo.
150 gr. de kétchup.
40 gr. de miel.
50 ml. de vinagre.
Huevo.
Pan rallado.
Harina.
Sal y pimienta.
Aceite de oliva.
Aceite de girasol (para freír).

   Preparación:
Para empezar, en una satén tipo wok con un poco de aceite de oliva sofreímos los dientes de ajo y la cebolla bien picaditos. A continuación, añadimos el kétchup, la miel y el vinagre y movemos bien con una cuchara de palo para que la mezcla quede lo más ligada posible. es importante que el fuego no esté alto, porque, al contener ingredientes densos, se nos puede quemar la salsa.


Por otro lado, troceamos el pollo en pedacitos pequeños (bueno, todos sabemos el tamaño que tiene una lagrimita de pollo, ¿no?), los salpimentamos y los reservamos en una fiambrera o en un bol (en éste último caso después tendremos que tapar el bol con papel film o algo parecido).
Para terminar con esta fase de la receta, añadimos a la carne la salsa, tapamos el bol o la fiambrera y dejamos macerar al menos 24 horas.
Cada vez nos acercamos más al momento de saborear nuestra delicia. Pero las lagrimitas van empanadas, así que toca mancharse un poquito las manos. Cada trocito de pollo lo pasaremos primero por harina, luego por huevo y luego por pan rallado. Y las iremos friendo en aceite de girasol bien caliente. Si sois millonarios y podéis permitiros usar aceite de oliva, hacedlo, pero si no lo sois, en los tiempo que corren más vale que recurráis al de girasol, ya que esta receta, por su adobo, ensucia bastante el aceite.


Lo ideal es ir colocando nuestras lagrimitas en papel de cocina absorbente antes de consumirlas, para que no tengan exceso de aceite.
¡A comeeeeeer!

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